domingo, 15 de noviembre de 2009

VIEJAZO

A mis recuerdos

Corro la cortina, abro la ducha, espero dos segundos que caliente y entonces me meto en el agua. Me cae sobre la cabeza, y ojalá que no salpique así no tengo que secar el piso. Tan mal no está eso que me enseñó Laura de pasar el trapito cuando te terminás de bañar. Cosas de viejas, como Nelly, ¿ me estaré volviendo vieja? Bueno todo sea para no limpiar los azulejos, a la larga te vas acostumbrando a las manías de las otras viejas. Calentita está el agua. Que suerte que está la baranda, para no caerse, otra cosa de viejas, pero mal no viene. La ducha está del otro lado en la otra casa. Qué lástima, tan lindo que quedó el baño nuevo. Mejor abro la fría un poco porque me voy a pelar viva, como los pollos que la abuela desplumaba en la casa de Holemberg. Pensar que de chica no me gustaba. Hoy, en ese barrio, lo caro que deben estar las casas. Pero ya no deben tener gallineros ni jaulón con pajaritos. Y cómo tuve que salir corriendo el día que vi a una rata tratando de romper el jaulón, desde lejos parecía un gato la muy guacha. Cuando me mojo así me vienen Cataratas, jugando bajo el agua, y el gomón y las risas y salpicaduras y los carnavales y mojar a los vecinos con la manguera desde la terraza y los baldes con las bombitas llenas a reventar y cuidado, correte que te dan un golpe bárbaro porque están muy llenas, que se vienen hasta los de la otra cuadra y no te patines mientras corrés a ver si te caes. Mejor que me agarre porque si me caigo ahora en la bañera me puedo quedar turula como le pasó al cliente ése pero que al final se supo que no se murió por la caída, se suicidó pero no se si se colgó de la ducha y si se colgó se ve que el caño era fuerte para aguantarlo. Y ahora paso el trapito y seco los azulejos y Laura y Nelly estarían contentas si me vieran hacerlo. Cuando me duchaba en Holemberg no pasábamos el trapito en los azulejos, porque no había azulejos, pero el baño parecía un salón de baile y mientras una se bañaba, una de mis primas se maquillaba y la otra simplemente venía a hacer bulto, compañía, charla y podíamos estar tres horas en ese baño. Y ahora… un baño rápido, para no llegar tarde al trabajo, para que no se te llene de hongos el techo y no tener que gastar en pintura y no pagar tanta luz con lo cara que está. ¿Me estaré volviendo vieja? Por suerte no se mojó el piso, se ve que corrí bien la cortina y no salpicó nada.

jueves, 13 de agosto de 2009

INSTRUCCIONES PARA JUGAR A LA MANCHA ESTATUA

Cuenta la leyenda, que para jugar a la mancha estatua, había que tocar a alguien y ese alguien quedaba manchado, hasta que algún otro lo salvaba. Entonces gritaba "salvado pirulo" (entiéndase por pirulo el nombre del que era salvado). La función del que era mancha era dejar a todos petrificados, y ganaba él, por eso tenía que cuidar de que no se le despetrificara ninguno.
Lo más importante era decidir quien era mancha. Se hacía el conteo de en la casa de pinocho todos cuentan hasta ocho, pin uno, pin dos, pin tres, pin cuatro, pin cinco, pin seis, pin siete, pin ocho o esta gallinita puso un huevito, puso uno, puso dos, puso tres, hasta diez o hasta veinte, según la cantidad de participantes y de acuerdo al consenso general o por " piecito cochinito cambia de piecito" y entonces uno ponía un pie hacia atrás y quedaba afuera al que le tocaban los dos pies.
Otro juego muy interesante de esa época era el patroncito de la vereda, donde uno tomaba el frente de una casa (al mejor estilo de casa tomada) y el resto tenía que pasar y no dejarse agarrar por el patroncito. Si era agarrado, pasaba a ser prisionero del patroncito. Pero, como siempre hay una solución, estiraba su mano y los de afuera podían salvarlo con sólo tocarlo.
Aclaro que no fumé nada, sólo ejercité un poco la neurona de la niñez. La misma que a veces dejamos escondida atrás de algún árbol, o atrás de algún auto destartalado de la calle de la infancia. O que se fue a dar una vuelta en bicicleta.
Y sigue contando la leyenda, que esa misma neurona un día de otoño quiso volar, y se enroscó en los hilos de un barrilete de cola larga y colores brillantes que pasaba por ahí y se fue lejos, muy lejos, a contar sus historias, para no quedar petrificada en una mancha estatua.

ESPERANDO AL GASISTA

… no querida, hoy no puedo… Aquí estoy, en la dulce espera… Ya van para cuatro días… Afuera, tres grados y en mi casa, dos bajo cero. Qué te pensás ¿que me quejo porque sí? Ya me gustaría verte a vos en esta situación.
… pero no, es una forma de decir, cómo voy a desearte que pases frío. Mirá, te juro que si no fuera porque Lautaro es tan amable, tan servicial, ya me hubiera buscado otro.
… sí, ya sé que la otra vez me dejó tres días sin calefón. Cómo no me voy a acordar ¡Si habré revoleado palanganas! Lo que pasa es que tiene mucho trabajo y es bueno, por eso lo buscan tanto.
… no lo justifico, pero qué te pensás, que con otro sería diferente. Es invierno, andá a encontrar un gasista que venga apenas lo llamás y que encima trabaje bien, y sea prolijo y no te deje la casa dada vuelta y toda sucia.
… sí, pero si no consigue el repuesto… ¡Yo no quiero comprar una estufa nueva, si ésta anda bárbaro!
… ya sé que es vieja ¿y por eso la voy a tirar? Nosotras somos más viejas y todavía funcionamos ¿ O vos no?
… este muchacho por lo menos es honesto, te cobra lo justo. Es tan educado. Vieras cómo sabe de historia. El otro día mientras arreglaba el depósito del baño me contó la historia de Luis XVI. Todo, todo. Hasta me habló de Napoleón. Que era un gran estratega, que por un error perdió la guerra, que...
… ah no le pregunté que guerra. Si querés te averiguo.
… mientras él trabaja yo le cebo unos mates.
… pero si te dije que también es plomero. Me hice cambiar todos los cueritos y el desagote de la pileta de la cocina ¡Estaba todo tan oxidado! Imaginate, años sin hacer nada. Pobre, hasta tuvo que destapar la cañería ¡Sacó un montón grasa! Ahí me habló de María Antonieta. Se ve que le gusta Francia.
… no sé, ahora cuando venga le pregunto si los padres son de allá. Tiene tipo de francés.
… ¿y qué se yo? Ojos claros, pies grandes, pecho belludo. Maciso, fortachón.
… ¿que estás pensando en arreglar el calefón?...¿ qué te hace ruido? ¿No serán palomas que andarán anidando por ahí?
… sí, sí… yo le pregunto… pero… no creo que tenga tiempo.
… ay querida te voy a tener que dejar. Me está sonando el timbre, seguro es él. Nos hablamos más tarde, bien de noche porque tal vez se demore con la instalación.

martes, 19 de mayo de 2009

LA BELLA DURMIENTE - FINAL V

Y finalmente se acercó. Primero le acarició los cabellos y al hacerlo un cosquilleo
recorrió su cuerpo. A medida que la tocaba sus dedos se iban poniendo rígidos, sin embargo siguió. Sabía que estaba corriendo un gran riesgo, no le importó. Ella era el imán que lo atraía, que lo atrapaba. Cuando la noche cayó con toda su fuerza, la bella ya no dormía sobre el banco de piedra, en su lugar brillaba la estatua de un caballero.

LA BELLA DURMIENTE - FINAL IV

La bella lo esperaba ansiosa, sabía que a esa hora él debería atravesar el bosque. Se recostó sobre un banco de piedra y se hizo la dormida. Él, agazapado detrás de un pino, la observó. Disimuladamente siguió cada uno de los pasos de ella. Pensó acercarse y hacerle cosquillas, o besarla, o acariciarla, o regalarle un anillo de perlas y proponerle matrimonio, pero finalmente decidió que no le gustaban las mujeres manejadoras y siguió su camino.

jueves, 14 de mayo de 2009

PUNTO DE RETORNO

Entonces, volvió en sí. Se vio atado a una silla, las manos detrás de la espalda y el torso descubierto. La piel le ardía. Los ojos le pesaban. Había olor a quemado. A pelo quemado. Miró a un costado de la habitación blanca y vio una mesa de mármol. Sobre ella, un dedo y sangre. Se tocó y percibió que en la mano derecha tenía un vendaje. Un sudor frío bajó de su sien hasta la mejilla. En vano intentó zafarse. Las voces provenientes de la otra habitación le dieron fuerzas. Gritó. Sin embargo, lo que apareció, le quitó toda esperanza de supervivencia. El albino jugaba a las cartas. Algo había salido mal. Sintió un temblor en todo su cuerpo.
Escuchó los pasos del rengo que se acercaba. Nuevamente. Entonces, recordó.

martes, 5 de mayo de 2009

LA BELLA DURMIENTE - FINAL III

Dudaba, entre hacerlo o no. Verla así durmiendo desnuda movilizó sus instintos más carnales. Quiso sentirla, poseerla. Bella no opuso resistencia. Para ella, él sólo era un pasajero más.