jueves, 13 de agosto de 2009

INSTRUCCIONES PARA JUGAR A LA MANCHA ESTATUA

Cuenta la leyenda, que para jugar a la mancha estatua, había que tocar a alguien y ese alguien quedaba manchado, hasta que algún otro lo salvaba. Entonces gritaba "salvado pirulo" (entiéndase por pirulo el nombre del que era salvado). La función del que era mancha era dejar a todos petrificados, y ganaba él, por eso tenía que cuidar de que no se le despetrificara ninguno.
Lo más importante era decidir quien era mancha. Se hacía el conteo de en la casa de pinocho todos cuentan hasta ocho, pin uno, pin dos, pin tres, pin cuatro, pin cinco, pin seis, pin siete, pin ocho o esta gallinita puso un huevito, puso uno, puso dos, puso tres, hasta diez o hasta veinte, según la cantidad de participantes y de acuerdo al consenso general o por " piecito cochinito cambia de piecito" y entonces uno ponía un pie hacia atrás y quedaba afuera al que le tocaban los dos pies.
Otro juego muy interesante de esa época era el patroncito de la vereda, donde uno tomaba el frente de una casa (al mejor estilo de casa tomada) y el resto tenía que pasar y no dejarse agarrar por el patroncito. Si era agarrado, pasaba a ser prisionero del patroncito. Pero, como siempre hay una solución, estiraba su mano y los de afuera podían salvarlo con sólo tocarlo.
Aclaro que no fumé nada, sólo ejercité un poco la neurona de la niñez. La misma que a veces dejamos escondida atrás de algún árbol, o atrás de algún auto destartalado de la calle de la infancia. O que se fue a dar una vuelta en bicicleta.
Y sigue contando la leyenda, que esa misma neurona un día de otoño quiso volar, y se enroscó en los hilos de un barrilete de cola larga y colores brillantes que pasaba por ahí y se fue lejos, muy lejos, a contar sus historias, para no quedar petrificada en una mancha estatua.

ESPERANDO AL GASISTA

… no querida, hoy no puedo… Aquí estoy, en la dulce espera… Ya van para cuatro días… Afuera, tres grados y en mi casa, dos bajo cero. Qué te pensás ¿que me quejo porque sí? Ya me gustaría verte a vos en esta situación.
… pero no, es una forma de decir, cómo voy a desearte que pases frío. Mirá, te juro que si no fuera porque Lautaro es tan amable, tan servicial, ya me hubiera buscado otro.
… sí, ya sé que la otra vez me dejó tres días sin calefón. Cómo no me voy a acordar ¡Si habré revoleado palanganas! Lo que pasa es que tiene mucho trabajo y es bueno, por eso lo buscan tanto.
… no lo justifico, pero qué te pensás, que con otro sería diferente. Es invierno, andá a encontrar un gasista que venga apenas lo llamás y que encima trabaje bien, y sea prolijo y no te deje la casa dada vuelta y toda sucia.
… sí, pero si no consigue el repuesto… ¡Yo no quiero comprar una estufa nueva, si ésta anda bárbaro!
… ya sé que es vieja ¿y por eso la voy a tirar? Nosotras somos más viejas y todavía funcionamos ¿ O vos no?
… este muchacho por lo menos es honesto, te cobra lo justo. Es tan educado. Vieras cómo sabe de historia. El otro día mientras arreglaba el depósito del baño me contó la historia de Luis XVI. Todo, todo. Hasta me habló de Napoleón. Que era un gran estratega, que por un error perdió la guerra, que...
… ah no le pregunté que guerra. Si querés te averiguo.
… mientras él trabaja yo le cebo unos mates.
… pero si te dije que también es plomero. Me hice cambiar todos los cueritos y el desagote de la pileta de la cocina ¡Estaba todo tan oxidado! Imaginate, años sin hacer nada. Pobre, hasta tuvo que destapar la cañería ¡Sacó un montón grasa! Ahí me habló de María Antonieta. Se ve que le gusta Francia.
… no sé, ahora cuando venga le pregunto si los padres son de allá. Tiene tipo de francés.
… ¿y qué se yo? Ojos claros, pies grandes, pecho belludo. Maciso, fortachón.
… ¿que estás pensando en arreglar el calefón?...¿ qué te hace ruido? ¿No serán palomas que andarán anidando por ahí?
… sí, sí… yo le pregunto… pero… no creo que tenga tiempo.
… ay querida te voy a tener que dejar. Me está sonando el timbre, seguro es él. Nos hablamos más tarde, bien de noche porque tal vez se demore con la instalación.