martes, 19 de mayo de 2009

LA BELLA DURMIENTE - FINAL V

Y finalmente se acercó. Primero le acarició los cabellos y al hacerlo un cosquilleo
recorrió su cuerpo. A medida que la tocaba sus dedos se iban poniendo rígidos, sin embargo siguió. Sabía que estaba corriendo un gran riesgo, no le importó. Ella era el imán que lo atraía, que lo atrapaba. Cuando la noche cayó con toda su fuerza, la bella ya no dormía sobre el banco de piedra, en su lugar brillaba la estatua de un caballero.

LA BELLA DURMIENTE - FINAL IV

La bella lo esperaba ansiosa, sabía que a esa hora él debería atravesar el bosque. Se recostó sobre un banco de piedra y se hizo la dormida. Él, agazapado detrás de un pino, la observó. Disimuladamente siguió cada uno de los pasos de ella. Pensó acercarse y hacerle cosquillas, o besarla, o acariciarla, o regalarle un anillo de perlas y proponerle matrimonio, pero finalmente decidió que no le gustaban las mujeres manejadoras y siguió su camino.

jueves, 14 de mayo de 2009

PUNTO DE RETORNO

Entonces, volvió en sí. Se vio atado a una silla, las manos detrás de la espalda y el torso descubierto. La piel le ardía. Los ojos le pesaban. Había olor a quemado. A pelo quemado. Miró a un costado de la habitación blanca y vio una mesa de mármol. Sobre ella, un dedo y sangre. Se tocó y percibió que en la mano derecha tenía un vendaje. Un sudor frío bajó de su sien hasta la mejilla. En vano intentó zafarse. Las voces provenientes de la otra habitación le dieron fuerzas. Gritó. Sin embargo, lo que apareció, le quitó toda esperanza de supervivencia. El albino jugaba a las cartas. Algo había salido mal. Sintió un temblor en todo su cuerpo.
Escuchó los pasos del rengo que se acercaba. Nuevamente. Entonces, recordó.

martes, 5 de mayo de 2009

LA BELLA DURMIENTE - FINAL III

Dudaba, entre hacerlo o no. Verla así durmiendo desnuda movilizó sus instintos más carnales. Quiso sentirla, poseerla. Bella no opuso resistencia. Para ella, él sólo era un pasajero más.

LA BELLA DURMIENTE - FINAL II


Cuando por fin sus labios rozaron los de la bella, la tierra comenzó a temblar. Un viento huracanado arrancó árboles desde sus raíces; los ríos se secaron; las montañas se deshicieron hasta convertirse en arena; las estrellas comenzaron a caer y ellos se desintegraron en mil pedazos, hasta convertirse en brisa, que después fue viento y mucho después el huracán que hizo temblar la tierra.