lunes, 29 de septiembre de 2008

LAS VECINAS

- Y yo la voy a extrañar mucho a la Bety. Ella siempre tan dispuesta, tan desprendida-. Doña Cloti se seca una lágrima con la mano, mientras busca un pañuelo en la cartera-. Pensar que si no hubiera sido por ella que me compró los materiales y le pagó a los albañiles, todavía no terminaba mi casa yo.
- Ud. porque siempre se llevó bien con ella. Además ella le debía muchos favores a Ud. Eso de cuidarle la nena, para que ella saliera con…
- Pavadas, Juanita que la gente es mala y comenta; que en el barrio todos le tienen envidia porque ella llegó lejos.
Doña Juana hace un irónico gesto de asentimiento y se quita una pelusa de la falda - pero si todos sabemos que ella se casó con el tarambana de Luisito sólo por la plata. Si ni bien pudo le metió los cuernos ¿ O Ud. qué se cree? ¿Qué eso de la Sociedad de Fomento? ¿Qué iba a ayudar a las monjitas?
- Mire Juanita, yo no le preguntaba lo que ella hacía. A mí ella me dejaba a la nena por unas horas y yo se la cuidaba.
- Sí, también hay que entenderla, pobre, si Luisito no sirve para nada, es un títere de su familia. Mírelo, con esa cara.
Con pasos lentos, como un autómata, Luisito se acerca al sillón donde están las vecinas y les ofrece un café. No se percata de que ellas lo critican. Cuando se aleja, las vecinas, más animadas, retoman su charla.
- A mí que quiere que le diga, algo de lástima él me da - Doña Juana revuelve el café al que le agregó tres terrones de azúcar - porque encima la nena no se le parece en nada, en cambio a la suegra eso sí que no se le pasó.
- ¿Y Ud. cómo sabe todas esas cosas Juanita? – Doña Cloti se arregla el saquito mientras mira con curiosidad y desconfianza a su vecina.
- Porque un día me la encontré a la suegra en la tienda del armenio y cuándo la felicité por la nietita, ni gracias me dijo. Sólo comentó algo así como “qué va a hacerse, mi hijo se lo buscó ojalá que mientras crezca por lo menos le copie los gestos”.
Doña Cloti recuerda una tarde en su casa, tomando mate con Bety. Bety, roja de furia, le contaba que la suegra la seguía tratando como la sirvienta, aunque ella ya era la esposa de Luisito y le había dado una hija.
- Lo que pasa es que la suegra nunca la aceptó, por eso de ser tan humilde.¿Vió?
- Y La Bety se vengó… ¿Al final se supo quién manejaba el auto? ¿Ella o el amante?
- Yo no sé nada. Lo único que sé es que se fue tan contenta, tan feliz. Sólo por el fin de semana. Que Luisito le dijo que no se preocupara, que él se encargaba de la nena, que ella aprovechara a descansar allá en su pueblo. Si me dijo que el lunes ya estaba de vuelta. Y ahora esto… ¡Dios mío! de no creer.
Doña Cloti, vuelve a enjuagarse las lágrimas, ahora con el pañuelo bordado.
- Bueno, Doña Cloti, no llore más. Mejor nos acercamos que parece que van a cerrar el cajón, así nos despedimos, por lo menos un padre nuestro le tenemos que rezar.

viernes, 26 de septiembre de 2008

FUNCION DE TEATRO (Pequeño homenaje al grupete)

Ejercicio: Diálogos

Por todo lo que aprendo y me divierto los jueves con mis compañeros y mi profe, aquí va mi pequeño agradecimiento. Este grupo es lo más (están todos chapita) -dice el narrador.


Che, yo no voy a poder ir mañana, pero qué ¿se organizó algo para ir al teatro con todo el grupo y con otros grupos también? me entretuve leyendo los diálogos y borré el otro mail de Seba.

- Oh! - dijo Mabel con cara de susto - cáspita que me pierdo la reunión de cruzagramas.
- Ahhh joder - respondió Vani palmeando sobre el lavabo.
- Yo no fui el otro día y hoy no voy a taller, pero cuenten conmigo que estoy triste- Ade larga unas bocanadas de humo mientras pinta alegorías.
- ¿Puedo ir con Alicia Dackar?- inquirió don José G.- ¿ O mejor la llevo a La Juana?
- La función del otro día me encantó. ¡qué sentidos! Hoy traje unas copias manuscritas porque no tuve tiempo, por la facu pero...- Nadu explica su anonimato.
- En el teatro las manos me transpiraban de poesía - Marianela acaricia su cabello con la mirada vaya a saberse dónde.
- Soy la más pequeñita y de la función me fui directo a San Pedro con mi mochilita. ¿Adivinan quién soy? – Inquirió Micaela con su tímida vocecita.
- A ver Señores, la situación es sumamente complicada, lo mejor sería hacer un estudio
muy exhaustivo y cuando se analice y haya el consenso podríamos organizar otra salida - Jules querida la resistencia está contigo- corearon todos al unísono.
- Si hay que asesinar a alguien no se olviden de mi - Cristina Conti, la famosa escritora novel, dejó por un momento sus manuscritos para unirse al grupo.
- Qué buen grupoete éste - dijo don Zaiper mientras mezclaba la pepsi cola con el café. Cada tanto se relojeaba la bragueta para ver que no le reventara como unos jueves atrás - lástima Mabel, mirá que sos jodida.

jueves, 18 de septiembre de 2008

LA CASA

" Crecen los desalojos de edificios ocupados: hay más de uno diario."
(diario Clarín 13 de Septiembre de 2008)





Después de cinco años, la casa quedó desierta.
Se llevaron las voces, las risas, los sollozos.
Se llevaron las palabras intrusas y los permisos no otorgados.
Se llevaron ilusiones.
La vaciaron de historias. De pequeñas historias cotidianas. La vaciaron de vida.
Así la dejaron. Sola, fría. Despojada.
Así la verán: ¿recuperada?

LA BICICLETA ROJA

El sonido de un bandoneón le trae la melodía de un tango lastimoso.
No los ve, pero sabe que hay un grupo de turistas observando ese show.
Sabe que Sonia tiene el vestido negro escotado y con un tajo profundo en la falda. Al descubierto quedan las piernas bien formadas envueltas en medias de red. Sabe que Andrés lleva sombrero y pañuelo al cuello. Sabe que bailan muy juntos, que insinúan seducción.
Un perfume cálido de jazmines le llega desde el puesto de flores que está frente a la galería. El aroma se funde con el del chocolate caliente que ofrece el vendedor ambulante.
Ella, en una esquina, está inmóvil.
Escucha voces, risas y pasos que se acercan. Pasos rápidos, contínuos. Es la hora de salida de las oficinas y la calle se desborda de gente que va y viene en todas direcciones. Algún grupo se para frente a ella, a mirarla.
Oye el ruido de monedas que chocan y se desperezan en su lata.
Baja un brazo. Levanta la cabeza. Abre los ojos y lo ve a Julián.
Todos los días él llega a esa esquina en bicicleta, pasadas las seis de la tarde. La contempla fascinado. Disfruta del silencio estático que Marina ofrece.
Hoy, además de monedas, deja un ramo de fresias a los pies de ella.
Marina lo mira y a través de su piel blanca mármol, le hace una reverencia.
Ahora cambia de posición. Junta sus manos y sobre ellas recuesta una mejilla.
Cierra los ojos. Se ve de niña, jugando a la escondida. Se esconde. Se esconde debajo de la mesa, detrás de la puerta, detrás del árbol, arriba de la bicicleta roja. ¿Arriba de la bicicleta roja? ¿La que está ahí, al lado de las fresias?
Parpadea. Se permite una picardía: sus labios blancos dibujan una sonrisa de aceptación para Julián. No lo ve, pero sabe que él se va a quedar hasta que ella termine su función. No lo ve, pero sabe que él hoy la llevará a pasear en la bicicleta roja.