viernes, 18 de julio de 2008

Algo de verdad, algo de mentira

Martes, dos de la tarde, sentadas sobre la alfombra celeste del living, madre e hija juegan el juego que más las divierte, "algo de verdad, algo de mentira". Es muy simple, consiste en que una elige un tema y la otra empieza a relatar la historia, mezclando, como el juego lo indica, algo de verdad algo de mentira. Gana la que adivina la mentira.

Sofía, de casi tres años es quien comienza.

- Contame de cuando nací.

- Estábamos todos impacientes. Yo trataba de tranquilizarme porque sabía que con tu papá no podía contar, se la pasaba fumando y caminando por los pasillos. Era una pila de nervios el pobre, claro, no era para menos, pero ni siquiera lo disimulaba y qué te voy a decir de los abuelos. Ni bien se enteraron de que partimos al sanatorio, se vinieron a acompañarnos. Después llegó el momento del parto. Sentí unos fuertes tirones en la panza, me llevaron en una camilla, respiré profundo y seguidito y al rato llegaste vos. Acomodaron tu cuerpito tibio sobre el mío y te llené de besos, ¡eras tan pequeñita! Entonces, lloré de tan contenta que estaba. Más tarde te limpiaron, te pesaron, te midieron, en fin, todo lo que le hacen a los bebés cuando nacen. A mí me subieron a la habitación, que tu papá había adornado con flores rosas ni bien se enteró que eras una nena. Y te trajeron en una cunita así estabas cerca nuestro. Yo miré por la ventana y ví que llovía, llovía torrencialmente...

- Mentira, interrumpe Sofía, había sol.

- ¡ Pucha otra vez me ganaste! Es verdad, ese día había sol, un sol hermoso, casi tan lindo como vos mi "solcito".

Las dos se abrazan, rien y entran a rodar por la alfombra.

Paula sabe que algún día le tendrá que cambiar la historia, que ese día está cada vez más próximo.

Le dirá que apenas tenía un mes cuando la adoptaron, que antes pasaron por asistentes sociales, por trámites en el juzgado, por angustias de espera, hasta que finalmente la tuvieron con ellos. Que la historia tiene otras verdades, como que salieron corriendo a comprar un moisés y pañales, que Juan llenó la casa de flores, que lloraron de felicidad al verla y que ese día había un sol brillante, como el amor que sienten por ella.

Pero hoy, aunque sea por un rato, quiere quedarse con ese nacimiento imaginario, como si lo hubieran vivido las dos juntas.

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