viernes, 18 de julio de 2008

La espera

¿Cuándo va a venir? ¿Va a tardar mucho? ¿Piensa que tengo todo el día para esperarlo?

¡Uy, pobre pibe! Por poco se mata con semejante resbalón.

¡Qué cómico el gordito del sombrero! Seguro que el impermeable lo compró hace unos años y con diez kilos menos.

¡ Y éste que no viene! Ya llevo más de media hora de aguante.

¿Por qué tardará tanto? Con lo que odio esperar. Hace veinte minutos que llegué. Si por lo menos tuviera un libro... Jamás pienso en los imprevistos. ¿Cuánto más se va a demorar?

¡Uy Dios! Lo empapó entero ¡Que hijo de puta! Sí, seguí puteando que total no te va a escuchar; a la velocidad que lleva ya debe andar por el obelisco. Nunca falta algún mal parido que se divierte salpicando trajes ajenos, total la tintorería la paga el otro.
¡Puta, cuánto más voy a tener que esperar!

¿Por qué se habrá largado semejante tormenta? Menos mal que se desocupó esta mesa junto a la ventana. Esta lluvia... Cuando Pablo nació llovía torrencialmente como ahora. ¡Qué noche! El auto no arrancaba y yo con esos dolores tan fuertes. Pensar que de chica disfrutaba tanto de la lluvia. Cómo chapoteaba en los charcos, las botas azules, la capita a cuadros, las peleas con Olga, la muñeca rota, el llanto inevitable.

Si no fuera por esta lluvia ya me las habría picado. Se la veía venir.También sólo a mí se me ocurre salir sin paraguas un día como hoy. Siempre me molestó llevarlo porque después sale el sol y quedo como un boludo, aunque hoy...

¡Qué bien bordaba tía María! Estas hojitas del mantel ella las habría hecho más parejas, todas iguales, como ese sábado cuando me enseñó a cocinar las palmeritas. " Hacé rollitos y los cortás a tres centímetros, todos simétricos". ¿Tardará mucho más? ¿Dónde habré guardado las carilinas?

Aquél sí ¡qué ridículo! ¿De qué le sirve el diario sobre la cabeza si tiene las pilchas hechas sopa? Ya no aguanto más, le doy cinco minutos, si no viene me las tomo y que lo cure Lola.

Me ajusté demasiado el pañuelo al cuello. Sofocón, calor, temor, desmayo. "La rubia está emocionada", decían. Recién se dieron cuenta de que algo andaba mal cuando me desplomé. El rosario y el libro de misa cayeron al lado mío. ¡Qué vergüenza! Nunca me gustó la organza, menos ese día. También llovía. El vestido se mojó, se arrugó todo. Al llegar a casa me lo saqué. ¿Dónde estará? ¿A quién se lo habrá regalado mi madre? Ella siempre encontraba alguien a quien entregar lo que sobraba y lo que no sobraba en casa. ¡Y este hombre que no aparece!

La rubia también está esperando, no me acuerdo si llegó antes o después que yo. No, no, llegó después porque cuando entró se acomodó en esa mesa donde había estado la gorda que masticaba con la boca abierta.

Qué buen detalle una rosa en cada mesa. Me gustan más las margaritas. Me quiere, no me quiere, me quiere, me quiere mucho, poquito, nada, me quiere. ¡Si las habré deshojado! La abuela, enfurecida porque arruinaba el jardín.
¡ Por Dios, cuándo va a llegar! Casi ni recuerdo su rostro. ¿Será éste que se acerca? Sí, es él. Por suerte, ya era tiempo. Pago ahora, tomo el té y me voy. Ricardo debe estar preocupado porque tardo tanto, aunque tal vez se imagine que con esta lluvia...

¡Al fin flaco! Se dirige hacia mí. ¿Pero qué le pasa al chabón? Se equivocó. ¿A dónde va? ¿Me lo habré confundido con otro? No, no , es él. Sí, no cabe duda, es él con mi capuchino doble. Pasealo un ratito, no te hagás problema que total el boludo espera. No importa que la rubia haya llegado después. Dale, tomate tu tiempo. Servile tranquilo el tecito a la señora. ¿Encima tengo que esperar que le des el vuelto? ¿Te parece que aguanté poco, morocho? Si no fuera por esta puta lluvia...

No hay comentarios: